Una solución centrada en decisiones prácticas y restricciones reales del taller harinero.
Los molinos de viento tradicionales operaban con una ventana de molienda muy marcada por las estaciones. Durante los meses de vientos constantes, la demanda de los panaderos locales y los pedidos para los puertos se acumulaban sin un orden claro. El registro manual en cuadernos provocaba retrasos en la entrega de sacos y conflictos entre los arrieros que esperaban su turno. La falta de un sistema de reserva estacional generaba pérdidas de grano y descontento entre los clientes habituales.
Se diseñó un flujo de trabajo basado en la capacidad real del molino: la velocidad de molienda de las piedras de granito, el número de sacos por hora y la fuerza del viento prevista. En lugar de un calendario genérico, se establecieron bloques de molienda por tipo de cereal y destino (panadería local o envío portuario). Cada bloque se asignaba según la prioridad del pedido y la fecha de recogida del arriero. El proceso se documentó en una pizarra de madera con fichas intercambiables, permitiendo ajustes rápidos cuando el viento cambiaba o una piedra necesitaba reavivado.
El molinero principal recibía las solicitudes de molienda cada mañana. Las fichas se colocaban en la pizarra según el orden de llegada y la urgencia del cliente. Se reservaban dos bloques diarios para los pedidos urgentes del puerto, que requerían sacos de arpillera específicos y un control de humedad más estricto. Los panaderos locales tenían prioridad en los bloques de la tarde, cuando el viento solía ser más estable. Cada ficha incluía el nombre del cliente, el tipo de grano y la cantidad estimada de harina. Al final de la jornada, se anotaban las incidencias: retrasos por falta de viento, rotura de una muela o cambios en el pedido.
Tras tres temporadas de uso, el sistema redujo los conflictos entre arrieros y mejoró la puntualidad de los envíos al puerto. Los panaderos locales valoraron la previsibilidad de los bloques de tarde, lo que les permitió planificar su propia producción. El molinero pudo identificar qué clientes solían cancelar en el último momento y ajustar las reservas en consecuencia. La pizarra de fichas se convirtió en una herramienta de consulta diaria, y su diseño fue copiado por otros molinos de la comarca.
A grounded project that adds a different angle without repeating the others.
Revisamos los registros de soporte de los últimos seis meses para identificar los puntos de fricción más reportados por los operadores de molinos.
Dibujamos los recorridos que sigue un técnico al consultar el estado de una reparación o el historial de una piedra de molino.
Construimos una maqueta funcional con los paneles de alertas, asignación de tareas y acceso a planos de las muelas.
Tres especialistas en patrimonio civil probaron el prototipo durante una semana y registraron 22 sugerencias de mejora.
Redujimos el número de clics para acceder a una ficha de molino de cinco a dos, y añadimos filtros por tipo de avería.
Entregamos el panel actualizado junto con una guía de uso orientada a los equipos de mantenimiento de molinos históricos.
El resultado es un tablero que permite a los restauradores consultar el estado de las intervenciones sin tener que revisar papeles o llamar al almacén. La página añade un punto de vista distinto a la serie de proyectos, sin repetir el enfoque de los anteriores.